Foto: La Tercera

Se confirmó en julio y, desde entonces, una algarabía virtual comenzó a expandirse en cuanto foro especializado había por internet esperando el regreso de Pearl Jam. Sin embargo, sólo se manifestó públicamente a la salida del Ritz, donde decenas de fanáticos desfilaron constantemente para intentar obtener alguna instantánea con sus ídolos.

Éste es el público del grunge. El que viste desaliñado y demuestra su sensibilidad con guitarras rabiosas y gastadas, aquel que piensa y se comporta como aquellos que idolatra o el que tapiza su habitación con posters y canciones de amor, desamor, odio y locura. Es la última legión de fanáticos rockeros. Luego de ellos, The Strokes vestirá de recato, iphones y gafas de marco grueso a los seguidores del rock del siglo XXI.

Anoche, al igual que en el 2005, estos miles de leñadores se congregaron una vez más, quizás como en una gran reunión de ex compañeros de colegio a 10 años de la graduación (probablemente la mitad del Monumental había pasado por esa tradición). Mientras en el 2005 hicieron su estreno sudamericano con dos recordados conciertos en San Carlos de Apoquindo (lluvia y “son un público bakán” incluidos), este 2011 regresaron como uno más de la casa y con el fin de celebrar sus 20 años de vida.

Hits radiales como Jeremy o Do The Evolution, novedades como Olé, episodios emocionantes como Betterman o Black y una que otra sorpresa como Indifference o I Got Id. Esta vez Pearl Jam entregó casi tres horas de un setlist potente y armado como un verdadero guión.

Los covers fueron parte importante del show de Pearl Jam y no como un recurso de relleno (claramente canciones no le faltan), sino que como un saludo conmemorativo de estos 20 años de historia de la banda. Es por ese motivo que nos encontramos con notables homenajes a The Who (Baba O’Riley), The Ramones (I Believe In Miracles) o a Pink Floyd (Another Brick In The Wall), sus notorias y mayores inspiraciones (sin contar a Neil Young, que, por esta vez, no tocaron Rockin’ In The Free World).

Un capítulo aparte merece Crazy Mary (Victoria Williams), un cover de una canción que ya prácticamente hicieron suya y que el público se emocionó tanto en el 2005 como anoche. Aquí, Mike McCready interpela al talentoso tecladista invitado, Kenneth “Boom” Gaspar, personificando el desgarrador desenlace de la historia de Mary. Durante más de cuatro minutos de furia instrumental, Pearl Jam destacó una vez más la importancia de cada uno de sus músicos, logrando un momento casi tan emotivo como Nothingman.

A pesar de estos instantes tan fuertes del concierto, la noche en el Monumental fue más allá de una cita nostálgica. Pearl Jam descargó un catálogo de canciones posteriores a los 90s que demostraron la completa vigencia de la banda. Pearl Jam queda para rato o, al menos, así lo definieron canciones como The Fixer o World Wide Suicide.

Ese miércoles 16 de noviembre, Chile presenció la celebración de los 20 años de Pearl Jam coreando los himnos que marcaron la adolescencia de la mayoría de los presentes y, a su vez, aprobando el nuevo capítulo de su historia. Más que la nostalgia noventera, anoche Pearl Jam corroboró la solidez de un quinteto cohesionado con los años y que trasciende, incluso, el tremendo carisma de su vocalista. Felices 20 años.

Foto: La Tercera

Foto: La Tercera

Foto: La Tercera

3° Foro Global de Telecentros: “Empleabilidad, productividad y empoderamiento para las comunidades”


Especialistas de Chile y varios países de la región, ligados al mundo de los telecentros, analizaron sobre los desafíos y oportunidades que ofrecen las TIC’s en el mundo laboral y personal. También fue el lugar escogido para lanzar portales y herramientas web destinadas a incrementar la empleabilidad y la productividad de los usuarios de internet.

El uso de las tecnologías en la vida cotidiana es una constante preocupación para autoridades y especialistas hoy en día. La explosión en el uso de las redes sociales es sólo un ejemplo de la influencia que puede llegar a tener la tecnología en la sociedad.

Juan Francisco Delgado, director general de la Red Española de Telecentros, señaló que los telecentros se basan en tres fundamentos: las bases territoriales y sus necesidades, la tecnología que es siempre importante y los dinamizadores o trabajadores del conocimiento. Sintetizó que lo más importante de todo era la actitud de querer hacer las cosas y jamás esperar que los demás hagan cosas por nosotros.

El empoderamiento de las nuevas tecnologías es fundamental para un mundo cada vez más cambiante. Según señaló David Rojas, director de la Red Poeta en 20 países, entregar fondos no soluciona la brecha informática, es necesario expandir el conocimiento y hacer partícipe de los cambios a los usuarios. “Entendimos los cambios en el ámbito de desarrollo social que no sólo es un trabajo de gobierno, sino de todas las partes que forman el rompecabezas social, sin olvidar al sector informal”, cerró recomendando la importancia que tiene formar alianzas para que los beneficios nazcan desde ambos lados.

Uno de los principales desafíos que se planteó en el foro fue la alfabetización digital y promover el acceso de la población a la tecnología. Néstor Bercovich, director del programa “Sociedad de la Información” de la CEPAL, señaló que “los telecentros cumplen un rol muy importante en este escenario, puesto que ayudan a garantizar el acceso universal a las TIC, permiten desarrollar contenidos locales apropiados para cada lugar donde se encuentren, al estar los telecentros arraigados en la comunidad”.

La invitación entonces es a explorar las nuevas tecnologías y, a las autoridades, a financiar telecentros pero, más que todo, a ser una plataforma que facilite el acceso a la información y el empoderamiento de los usuarios. Fortalecer las redes y avanzar en una alfabetización transversal.

 

8978

Que lleguen los 200 años o los 192 me da exactamente lo mismo. Lo mío es la fiesta, la celebración y, sobre todo, la conmemoración. El 2010 es, sin duda, un año que no pasará desapercibido por las razones que ya todos conocemos. Los dolores y alegrías de este año nos han unido como coterráneos durante estos últimos 9 meses. Todo está a flor de piel: las constantes réplicas geológicas y políticas, el repentino interés por un par de islas de la IV Región, un minero en las profundidades, el pase a la 2da. ronda en el Mundial de Fútbol y la esperanza de obtener, en 2014 y después de más de 50 años, un lugar digno en el sitial de un deporte que nos es esquivo.

Algo innegable de este 2010 es que no ha sido, por lejos, un año decidor. No tenemos algo nuevo que contarles a las nuevas generaciones, excepto las contrariedades accidentales que hemos sufrido. Nuestra pasión, nuestra unidad, nuestra indiferencia, nuestra ignorancia, nuestras lágrimas, nuestros golpeteos en el hombro… nada de eso es nuevo.

Este Bicentenario lo recibimos como una avalancha que nos sorprendió entre homenajes apresurados y discursos que ni siquiera alcanzamos a masticar. Por eso el Bicentenario no es lo mío. Lo mío son las conmemoraciones. Y ¡vaya que tenemos razones!

A este 2010 hemos llegado con un legado cultural digno de orgullo. Una verdadera recopilación creativa que, afortunadamente, tiene descanso en éstos y en los próximos años. Tras la polémica ley del 20% obligatorio de música nacional en las radios, contamos con un primer paso (medio tropezado) que sirve de antecedente para dar un verdadero empuje a la creación y difusión de nuestros y nuevos artistas.

Démosle un poco de crédito a esta iniciativa.

Contribuyendo a este 20%, les quiero dejar este listado de canciones chilenas de los últimos 10 años que, según mi criterio, merecen ser escuchadas. No son las típicas, de hecho, pocas de ellas son populares. Qué importa. Este muestreo musical, una por cada año, tiene como finalidad demostrar que acá en Chile sí se hace música original y que vamos en un bienaventurado desarrollo.

Los invito a conmemorar el enorme y hermoso legado musical que tenemos como país. Disfrutemos de estas fiestas con buena música y demos rienda suelta al chovinismo. Al menos por este mes.

Instrucción:

Para escuchar la canción simplemente haz click en cada título.

Sin título

Amor alternativo – Sinergia (2001): Este disco viene a ser el pálpito del comienzo de siglo y el anuncio que un nuevo sonido estaría, como número fijo, en cuanta cumbre de rock y festival haya: el metal pájaro. Sinergia es el primer álbum de esta banda que revolucionó la parrilla musical chilena hasta 10 años después. Amor alternativo es tan rara que llega a gustar. Un aplauso al visionario que decidió lanzarla como single. La canción es una mofa a aquellos engrupidos que buscan, con un par de datos, simular conocimiento, generar estatus y adoptar discursos ajenos. Ni siquiera ellos se imaginaban que aquellos indeseables se reproducirían exponencialmente al morir la década. Sin lugar a dudas, una canción siempre atingente.

Las cosas simples – Weichafe (2002): Se transformó en todo un himno de aquellos que fuimos y somos legionarios del circuito de las tocatas, casi inmediatamente después de su publicación. Es una balada – sin pretensiones – que rescata ritmos nortinos muy soterradamente. Tras la sugerencia del baterista de los Chancho en Piedra, el tema se tituló “Las cosas simples”, tanto como su construcción. Una invitación a emocionarse.

Mosaicos – Akineton Retard (2003): Porque se atrevieron a experimentar más allá de la simple experimentación. Porque su hito fue ignorado. Porque buscaron, profesionalmente, nuevos sonidos. Akineton Retard se merece un puesto alto en esta lista. “21 Canapés” es el tercer disco de la banda y, claramente, se nota una maduración en el sonido y una identidad que logra armar un álbum compacto y redondo. Los invito a escuchar este interesante disco de 21 canciones en el que sólo 3 exceden los 3 minutos.

Canción de cuna – Banda sonora de Machuca (2004): Sin contar que es una de las mejores películas chilenas que he visto, esta canción aparece mientras los niños recorren la ciudad días previos al golpe. Mientras miran, desde el silencio del interior de una vieja camioneta, la violencia producida por la polarización política de aquella época, se refleja en sus inocentes rostros la incertidumbre y el miedo de vivir algo ajeno a su entendimiento. Una de las escena/música/fotografía más acertadas que he visto/escuchado. La creación le pertenece a José Miguel Miranda y José Miguel Tobar.

Hombre de la tierra – Feliciano (2005): No, no es el portorriqueño, es el que participó en el reality Protagonistas de la Música. Sacó un disco con varias canciones descartables, pero hay una que toma mucha importancia, especialmente en estos días. “Hombre de la tierra” es un homenaje, como su nombre lo dice, al pueblo mapuche.

¿A dónde queda la justicia del hermano que hoy la pide?

No seamos tan tiranos como aquel.

500 años de injusticia es la herencia que hoy dejamos,

no podemos dar la espalda, no a él.

Realmente es una canción que vale la pena escuchar.

Blues al desaparecido – El Cruce (2006): Difícil es hacer una revisión de la década del 2000 sin visitar a esta banda de “blues criollo”, como ellos se autodenominan. A mi país es el tercer disco y el más conocido. Es un disco que no sólo cuenta con diversos tipos de blues, sino que también experimenta con música nacional. Es el caso de Dicen que soy borracho, un cover bien blusero de una cueca de Tito Fernández. Pero el caso de Blues al desaparecido es distinto. Acá nos enfrentamos a una obra que derrocha originalidad y sentimiento. No hay solos, como en un blues normal, sino que una armónica eléctrica va representando el desgarro emocional que le produce al protagonista la pérdida de su padre en tiempos de la dictadura militar. Ya en la mitad, el ritmo cambia completamente y emergen sonidos criollos, dando cuenta la localidad de la banda y la problemática tratada. Una pieza emocionante.

Fumarolas del alma – La Desooorden (2007): Es una de las mejores introducciones a un disco que haya escuchado. La Desooorden es una banda atemporal y lejana de cualquier movimiento posmoderno y engrupido. Son de Valdivia y desde allá publicaron en 2007 un disco conceptual de enorme calidad lírica y musical. Para sentarse a escuchar… y reflexionar. “No le preguntes al agua cuánta sed tiene el hombre”, una de las frases de esta canción introductoria.

Loca – Chico Trujillo (2008): En plena dictadura de Tommy Rey, Sonora Palacios y esas otras bandas que son un híbrido resultante entre las villeras argentinas y las cumbias de plástico de los 90s, aparece a principios del 2000 Chico Trujillo. Provenientes de Villa Alemana, y en éxodo de la banda La Floripondio, forman lo que sería una recreación de las cumbias de antaño. Esas que se bailaban apretadas, en cantinas o en exclusivos salones, las que no escatimaban en quitarle la voz a una canción o en dedicarle mucho tiempo a su composición. Era el sonido de la Huambaly, la Ritmo y Juventud o Los Peniques, aquellos beat combo que animaban las fiestas de los 50s y 60s. Ésta es la reminiscencia de aquel sonido único. Chico Trujillo hace un trabajo realmente digno de destacar y que, en este disco, homenajean esa herencia que Humberto Lozán o Pachuco nos dejaron, hace ya, varios años.

Nunca será lo mismo – Cómo Asesinar a Felipes (2009): Cuando creíamos que lo habíamos escuchado todo aparece este grupo que junta, en una misma banda, dos elementos tan dispares como el jazz y el hip-hop. Es cierto, cuesta mucho digerirlo al principio, por eso es necesario darle tiempo y escucharlo con atención para darse cuenta del diamante en bruto que tenemos en frente. Este disco es, básicamente, una coda de sólo 21 minutos de su primer disco homónimo del año anterior. Ahora bien, ¿por qué nos debe gustar Cómo asesinar a Felipes? No es por su fin ecuménico de juntar a hiphoperos con los niños bonitos de la nueva música, sino que su virtud está en entregar verdaderos descargos impulsivos de música que atentan contra el buen gusto, pero de una forma bastante original. El acompañamiento en este disco es nada menos que la Orquesta Filarmónica Juvenil de Chile, idóneos para captar estas nuevas fusiones. La canción seleccionada es aleatoria porque este disco se escucha completo, como una sola obra. Después de todo dura tan sólo 21 minutos.

Mal día – Pascuala Ilabaca (2010): En estos últimos cinco años ha surgido una serie de nuevas cantantes de raíz y/o inspiración folclórica. Así hemos escuchado a Vasti Michel, Tizana o, incluso, Camila Moreno. Pero Pascuala Ilabaca, afortunadamente, es muy distinta a ellas. En sus canciones se respiran sonidos de distintas partes del mundo, letras caseras, sensualidad y buen gusto. Tiene apenas 25 años y 5 de experiencia, pero la chica promete. Acordeón y otros teclados son sus instrumentos base, además de una voz cadenciosa, armonizan juegos de instrumentos pocos escuchados en Chile. Diablo Rojo, Diablo Verde es su segundo álbum como solista y que publicó hace un par de meses. Absolutamente recomendable si quieres escuchar algo bien hecho y diferente. Además, es de Valpo, ¿qué más se puede pedir?

Bonus track

Las Meninas – Mecánica Popular (1999): El grupo de Manuel García, antes de (y durante) su carrera como solista. Gato, La flor del viejo hotel o Hablar de ti son canciones altamente recomendables. Las Meninas tiene la particularidad de poseer una de las estrofas más hermosas que he escuchado en una canción:

Tú copiabas las Meninas cuando niña

Y Velázquez pecaba de perfecto.

Yo temblaba en la belleza del intento…

todavía tiemblo, todavía tiemblo.

Canciones que tienen casi la edad del local pero que suenan completamente vigentes, conversaciones a la suerte y amparo del pipeño y la eterna paciencia del otro, espacios que se completan en una mesa y la ausencia absoluta del tiempo y la responsabilidad. La Piojera representa, para la mayoría de los capitalinos, el epicentro de los guachacas y las costumbres dieciocheras, pero es mucho más que eso. Al bar llega de todo: oficinistas, extranjeros, hombres y mujeres de cualquier edad y clase social, o los infaltables y típicos “viejos chichas”. Todos se saludan con una sonrisa y conversan, elevando la voz para ser escuchados dentro de la gran multitud. Es La Piojera, cuna de celebraciones, historias, amores y desamores; el alma y la radiografía de nuestra identidad nacional. Y cómo no. Hace siete años fue declarada “monumento de los sentimientos de la Nación”. ¡Atención cuicos, La Piojera no se toca! (más…)

Por el norte, sur y oeste, está cercada por empresas e instalaciones militares; por el este, sólo una salida la conecta con el exterior. A primera vista, Villa Suecia es un barrio de ancianos, plantas y perros desconectada de su entorno. Y tampoco hay que escudriñar mucho para darse cuenta que es verdad. No ha tenido hijos ilustres, acontecimientos importantes, ni renovaciones dignas de destacar, salvo la curiosa instalación de una pista de bicicletas en este barrio donde el promedio de edad supera los 40 años. En otras palabras, Villa Suecia pasa completamente desapercibida por el anecdotario urbano. Pero, sin embargo, cuenta con el ritmo antiguo de vida de barrio: conversaciones en las esquinas, locales a los que se va a comprar y a conversar, caminatas paseando a los perros, apariencias bien cuidadas, el “maestro chasquilla” común para todos los vecinos, entre otras insignes postales. Bienvenidos a la isla de Estación Central.


A minutos del sector de Las Rejas y a minutos del límite entre Estación Central y Maipú,  se ubica la Villa Suecia. A ella, se llega desde Pajaritos o desde 5 de Abril; o en metro, desde las estaciones Pajaritos o Las Rejas, ambas a similar distancia. Es una villa de cerca de 400 casas, con un promedio de dos a tres personas por hogar y catalogada como C2, según el último censo del 2002. Consta con tres calles principales, a lo largo, y numerosos pasajes y calles que las van cortando perpendicularmente. Éstas, tienen nombres que poco o nada entienden sus habitantes, y su morfología se ha castellanizado: Orebro, Malmo, Kiruna, Granna, Solna, Upsala, entre otras, todas referentes al país que lleva por nombre el sector.dsc01729__medium_

Al llegar a Villa Suecia invade el aroma dulce del dengue, una pequeña flor perenne de arbustos que abunda por las calles del barrio. La mayoría de las casas cuentan con perros, autos, portones y jardines interiores bien cuidados. Por las calles, además del dengue, se encuentran pimientos, acacios, álamos y otros árboles de mediana y alta estatura, todos viejos pero podados con más precisión que bienestar de la arboleda.

Los días transcurren casi en perfecta sincronía con la rutina que han sabido establecer sus habitantes. De madrugada, salen los primeros vecinos a su lugar de trabajo. Don Eduardo, de Orebro 475, enciende su Toyota año ‘83, y el olor a combustible quemado más el ruido de su poco cuidado motor, irrumpen la armonía de pájaros y buses que suenan a 4 cuadras, por la avenida Pajaritos. Mientras tempera el motor de su auto, abre la reja exterior de su casa y deja salir a Tony, un menudo quiltro de 8 años, chico y peludo, quien sale inmediatamente hacia la casa contigua, el local de la señora María.

Fue todo un acontecimiento en Orebro la inauguración de ese local. En la esquina había uno, pero lo habían cerrado hace más de 15 años. Por tanto, los vecinos se vieron en la obligación de emigrar hacia otras calles en busca de aquel producto olvidado de la lista del supermercado o, muchas veces, un antojo de última hora. Claro, su local nunca prosperó – como toda sociedad neoliberal esperaría – y su oferta de productos se redujo a la mitad, pero, sin embargo, abre todos los días y sin excepción. En los veranos, son infaltables los cremosos helados Flaggs o los cubos – granizados de jugo envueltos en cilíndricas bolsas plásticas. El resto del año mantiene sus productos habituales, la señalética de Coca-Cola en su puerta y las cinco perritas que “cuidan” el local, a quienes corteja Tony. Todos los viernes cierra a eso de las 13 hrs. y se va al cementerio a visitar la tumba de su hijo Iván, quien murió hace más de 10 años. Nunca lo ha superado.

Casi simultáneamente, mientras don Eduardo finalmente saca su auto y lleva a su nieto Sebastián al colegio, llega raudamente una inmensa bóxer blanca habilitada como furgón escolar. Ésta, viene a recoger al hijo de los Sanhueza, uno de los pocos matrimonios jóvenes del sector. Marco Sanhueza es un oficinista que lleva años en el mismo trabajo. Su principal orgullo es su hija mayor, quien entró a una universidad estatal, al igual que él, a estudiar una carrera convencional, al igual que él. Muchas tardes de fin de semana, Marco sale a la calle a jugar tenis con su hijo menor.

Cercano a las 8 am, sale Sandra a su trabajo. Una mujer de 40 años, separada y con tres hijas que vive en la casa de sus padres. Hace un mes organizó, con otros vecinos, una votación de toda la Villa con el fin de constituir, nuevamente, una directiva vecinal. “¿Por qué no te inscribes?”, “necesitamos algo así, ¿o no?”, eran sus principales consignas que resultaron efectivas con una gran participación de la comunidad.

El padre de Sandra es unos de los rostros más reconocibles del sector. Don Rafael llegó a Chile el 3 de septiembre de 1939, con apenas 4 años. Fue parte de los 2.200 refugiados españoles que llegaron a Valparaíso en el Winnipeg, barco que los trajo desde Francia con el fin de arrancar de la Guerra Civil, gracias a la gestión de Pablo Neruda.

Don Rafael tenía la costumbre de fumarse un cigarrillo, todas las tardes junto a don Eduardo, hasta que le dio un ataque al corazón. La indicación fue directa y sin lugar a segundas lecturas: “o dejas de fumar o te mueres”. Él, vasco de nacimiento, pudo eliminar su vicio al instante.

Una vez que los pocos niños son llevados a sus lugares de estudio y otros salen a su lugar de trabajo, las tres arterias principales, Rey Gustavo Adolfo, Orebro y Rivas Vicuña, quedan descubiertas y al amparo de los primeros rayos de sol que atraviesan las copas frondosas de los innumerables árboles. En Rey Gustavo Adolfo, por ejemplo, la arboleda es tan espesa que la sombra cubre la mayor parte de las aceras. Pero no todo es vegetación.

Villa Suecia es una isla que está flanqueada por numerosas fábricas y automotoras. En su extremo norte, en calle Pajaritos, está la Mercedes-Benz y la Nissan; en su extremo sur, en avenida 5 de abril, se encuentran los talleres de la Nissan y su concesionaria de montacargas. Por el ala oeste, Rivas Vicuña, se sitúa una base militar y un centro de logística del Ejército, el cual llama la atención debido al arribo de helicópteros a sus dependencias un par de veces al año. Por este motivo, es común ver el tránsito constante de militares por el sector, especialmente a la hora de las comidas, cuando se arrancan a complementar su merienda en uno de los tres locales interiores del barrio. Más al sur, la frontera es delimitada por una panadería, una botillería y el estacionamiento de los buses Línea Azul. Y el ala este la constituye una hilera de casas que sólo se interrumpe por una única salida, a través de avenida Las Parcelas.

Vida de Barrio

Sin duda, uno de los principales momentos de encuentro vecinal se produce cada martes y viernes cuando una larga feria libre ocupa gran parte de Rivas Vicuña. Verduras, frutas, pescados, mariscos, pollos, comida preparada, abarrotes, cordonería, juguetes, cuadros y numerosos puestos de ropa – que se instalan con exhibidores, anaqueles y colgadores, ofreciendo la variada oferta de la moda importada de espacio y de tiempo – son los productos que ofrece esta singular feria libre de Villa Suecia.

El recorrido es estrecho, más aún cuando se topa con vecinos conversando obstaculizando el tránsito de los clientes. Pero a nadie parece importunarle, al contrario, algunos se unen alegres entre besos y abrazos. Los caseros, como se denomina popularmente a los vendedores, son los mismos de siempre, a excepción de los coleros (feriantes que no pagan el permiso municipal para vender y se sitúan al final de la feria), quienes van rotando constantemente.

Uno de estos caseros es Jaimito, un gordo bonachón que promociona su mercadería con rimas. “Lleve zanahoria, pa’ mejorar la memoria; lleve lechugas, pa’ que le crezcan las… manos”, y termina con una sonrisa que deja ver su escasa dentadura. Casi al frente de él, están las judías, tres hermanas viudas que venden lechugas, repollo, apio (cuando es la temporada) y cilantro. Entre las tres establecen un orden de trabajo: una lava las verduras en un gran recipiente de lata, otra pica y embolsa las verduras y la tercera se dedica a vender. Viven hablando de sus ex maridos pero rehúsan hablar de sus hijos.

Los caseros logran verdaderos lazos de cercanía con sus clientes. Sus encuentros comienzan con preguntas de buena crianza, y una que otra broma para marcar la cercanía: “¿cómo está, casero?, ¿lo sacaron a pasear para Semana Santa?”, “¿qué tal, señora Rosa?, ¡qué gusto verla!, ¿cómo está la salud?”. Luego de eso se encarga la compra y se une, a veces, a otra conversación con otra vecina que ha estado ahí hace 10 minutos. Luego de eso, se despiden deseándose éxito, buena salud y saludos a familiares que sólo conocen por relatos (muchas veces adornados).

No es menor el evento de la feria libre de Rivas Vicuña. La mayoría de los vecinos son ancianos que viven solos o que pasan la mayor parte del día sin más compañía que sus mascotas, ya que sus familiares poco los visitan o, si viven con ellos, pasan el día afuera en sus respectivos trabajos. Por eso hay tanto perro en el barrio, pero sólo tres andan sueltos: Milo, Copérnico y uno negro (aún sin nombre) que llegó hace un par de meses. Por lo general, no tardan en encontrar quién los adopte y les de techo y comida. Lo curioso es que a la mayoría de éstos los dejan en los patios traseros. Sólo se escuchan sus ladridos y aullidos.

Cuando no está la feria, los vecinos acuden al kiosco de don Aliro, quien ofrece frutas y verduras todos los días, eso sí a un precio mucho mayor, aprovechando su exclusividad de 5 días. Don Aliro es un hombre robusto de 60 años, muy parecido a Tito Fernández. Cuenta con dos empleados muy particulares: una señora que habla poco y no saluda a nadie, y un animado tipo de 40 años que sufre un leve retraso mental. El kiosco siempre está con gente reunida en una animada conversación de actualidad, luego de hojear los diarios que están a la venta, o sobre temas personales.

Otro de los puntos de encuentro en Villa Suecia son las esquinas. Ahí, por lo general, algunas señoras se invitan a tomar el té por las tardes y los caballeros, comúnmente vistos después de las 19 horas, se quedan discutiendo sobre política o se cuentan repetidas historias de su orgulloso pasado.

Según el último censo, más del 60% de la población de Villa Suecia son mujeres. Y se nota. Por las mañanas, el barrio es territorio femenino, y por las tardes, se reúnen en el centro de madres de la junta de vecinos. Este centro de madres, es una casa celeste de madera, ubicada entre los juegos infantiles y la cancha de fútbol. Ahí, las actividades que realizan – tejido, juegos de mesa, onces – son secundarias, lo importante es la conversación, generalmente basada en el éxito de sus esposos y/o hijos. No es un grupo muy abierto y sólo pertenecen a él un selecto grupo de señoras.

A eso de las 7 de la tarde, comienzan a regresar los primeros vecinos de sus trabajos, mientras se cuela de las cocinas el olor a pan tostado. Es el indicio de la hora del té. Los niños que juegan en las calles se entran y la familia se reúne a comer. De a poco, los hombres van saliendo a la calle a encontrarse para conversar y fumar. Ya en la noche, las salidas de casa son solitarias y son con el fin de sacar a pasear al perro o a regar el antejardín, por lo general, diseñado con pasto con un centro de flores y rodeado de arbustos menores o enredaderas.

Las noches son silenciosas y sólo las irrumpe el borracho/loco del barrio. Hugo fue un cantante y guitarrista promotor de la Nueva Canción Chilena en tiempos de la dictadura militar. Se presentaba en clubes clandestinos de oposición y estableció contactos importantes con gente contraria al régimen. En más de una ocasión escondió, en su misma casa, a dirigentes comunistas y armas para movimientos extremistas, poniendo en peligro a su propia familia. Con el tiempo, la bohemia lo fue enganchando más que la política y se convirtió en un alcohólico y drogadicto. Numerosas veces estuvo internado tratando su problema, pero él encontraba la manera de engañar a su familia y afirmar que había superado sus problemas de adicción. Nunca se recuperó y su condición se fue agravando: su familia lo fue abandonando al decepcionarse por sus promesas incumplidas, los robos de sus bienes con el fin de adquirir droga y su comportamiento cada vez más violento. Finalmente se quedó sólo y sus facultades mentales casi completamente deterioradas.

Por las noches se le escucha hablar sólo, insultar a la gente que pasa por afuera de su casa, o revelar, a viva voz, secretos de sus vecinos. Nadie sabe quién se los cuenta, pero ahora a nadie parece molestarle. En un principio se llamaba a Carabineros, a causa de sus bulliciosos monólogos; algunos hasta lo golpeaban, aburridos que sus secretos fuesen revelados.

De a poco se le ha ido comprendiendo, hasta se le toma con humor. Pero todas las noches, los vecinos están atentos por si aparece el predicador que desnuda el alma de los vecinos, esa cuidada apariencia que, al final del día, es revelada por el personaje menos representativo de Villa Suecia.

radiohead550 Radiohead no es de esas bandas que puedes tomar a la ligera, pero no por eso significa que sea una banda exclusiva de gente con gusto refinado. Es más, Radiohead ni siquiera tiene un público objetivo. Es del gusto de ‘alternativos’, rockeros clásicos, electrónicos o indies, entre muchos otros en la selva. El de los británicos es un público heterogéneo pero con el común denominador de ser melómanos.

Los conciertos en Santiago fueron un caso digno de destacar. Lejos del predecible episodio de la alta demanda por los boletos, el fenómeno reside al interior del concierto. De un evento tan masivo se espera el coro y vitoreo de una gran masa autómata llamada público, pero no fue así. La gente supo diferenciar perfectamente los distintos momentos del show. En canciones como ’15 Steps’ o ‘Everything In Its Right Place’, la masa cantaba y bailaba, llevando el ritmo con las palmas o el cuerpo por completo. Pero en temas como ‘Exit Music’ (donde sólo la voz acompaña la introducción de una muy, pero muy suave guitarra) el silencio sepulcral del público en los silencios de Thom Yorke – entre verso y verso – era para sorprenderse… y emocionarse, claro está. Más que respeto era un ritual de emoción sublime.

Sus conciertos son para vivirlos de muchas formas: bailando, cantando en algunos temas, saltando, emocionarse en silencio y/o cerrando los ojos y sólo escuchar a un desgarrador Yorke.

Otro punto que no puedo dejar pasar, tiene que ver con la etiqueta injusta e ignorante que ha sufrido el grupo (al menos a este lado del charco). Radiohead, de ninguna manera, es un grupo para depresivos. La angustia no es lo de ellos. Tampoco la oscuridad. El leitmotiv de los británicos tiene que ver con el misterio, misterio que engloba la incertidumbre, la vanguardia, la simpleza o el amor. Emotividad a flor de piel y con una entrega sincera que se reconoce fácilmente.

La visita de Radiohead a Santiago fue la confirmación empírica de que se puede hacer música original y de calidad en el siglo XXI; que su música es completamente irreproducible por ningún otro más que por sus carismáticos integrantes y compositores; o que su evolución musical la ha definido la banda misma y no el mercado, haciendo, literalmente, lo que se les plazca.

En sus conciertos, no tienen la necesidad de justificar canciones lentas con la alternancia de melodías en clave de rock. Tampoco tienen la necesidad de llenar vacíos con hits radiales o de mostrar en 2 horas todo el espectro de sonoridades que han construido y definido a esta monumental banda. Pueden perfectamente realizar un show de 4 horas mostrando sólo lo más electrónico y extendido de su discografía, y la respuesta del público seguiría siendo la misma.

Grande Radiohead, un placer haberlos tenido por acá. No se pierdan.

(Revisando mis documentos me encontré con este texto de hace un mes y que se me olvidó subir. Escribí esto mientras viajaba de vuelta a Viña del Mar, la misma noche del concierto de Los Ángeles Negros, el 14 de febrero pasado. Lo leí y quise compartirla con ustedes).

Los_Angeles_Negros-Tapa “Y volveré como un ave que retorna a su nidal” gritaba a todo pulmón un Teatro Caupolicán colmado de gente, emoción y reencuentro. 36 años distaban desde la última reunión de Nano Concha, Lucho Ortíz, Jorge González y Germaín de la Fuente. Era el esperado regreso de Los Ángeles Negros.

Usualmente no juego la doble función periodista-fanático. Trato de ser lo más profesional posible, pero cabe destacar que hay excepciones. Ésta, fue una de ellas. No es ni una crónica ni una crítica del concierto de Los Ángeles Negros, esto es cómo viví el final de este recital. La situación es la que sigue.

Estaba cubriendo este concierto para La Movida del Festival y, luego de rescatar la espontaneidad del público asistente, me senté a escuchar algo. Terminaba una increíble versión balada-vals-funk de Gracias a la Vida – al más puro estilo Ángeles Negros –, miré el set list y sólo quedaba “No Morirá Jamás” y el infaltable “Y Volveré”. Comenzó a sonar la timbrada melodía inicial del último suspiro del concierto. Era el momento de irme al backstage.

Estaba parado detrás del escenario esperando el término del concierto para recibir sus primeras e inmediatas reacciones. Del escenario hasta donde estaba me separaba sólo una pesada cortina de terciopelo. Tenía el micrófono en mis manos y unos nervios que no se los doy a nadie pero, extrañamente, no eran porque era mi primera nota que saldría en televisión: estaba presenciando un momento histórico para la música chilena y para mí. Son músicos a los que admiro y respeto una enormidad y yo, luego de 36 años desde su última reunión, estaba a punto de captar lo primero que expresarían inmediatamente después de ese esperado reencuentro. Creo que es el momento de mayor sinceridad, porque está un cuerpo entero comunicando con pocas posibilidades de disimular emociones. De pronto, la cortina se entreabrió y vi a una muralla inmensa de gente coreando en un emocionado karaoke de miles de almas “Y volveré”. Germaín de la Fuente – de espalda a mí – elevaba el micrófono hasta lo más empinado que su pequeña estatura podía lograr. Y la situación cambió drásticamente. Una emoción inmensa me inundó y los nervios se fueron. El momento era único. “No sufras más, quizás mañana nuestro llanto quede atrás…” y el Caupolicán se desgarraba cantando. Se veían miles de rostros cantando y haciendo suyos ese himno del romanticismo más sincero, mientras Germaín seguía con sus brazos extendidos y la cabeza reclinada hacia el cielo. Desde ahí sólo podía ver a él y a Nano Concha, quién miraba emocionado a su público mientras meneaba su cuerpo al ritmo de su loco invento de hacer baladas románticas con ritmos funk. Pero también desde ahí se percibía el enorme cariño que la gente le tiene a esta banda. Terminó “Y Volveré” y el momento llegaba. Por mi costado pasó Enrique Maluenda, quién nuevamente subía al escenario, esta vez para despedir a la historia y a la emoción de esa bella noche.

Desde dónde estaba no escuchaba claramente la conversación que sostenía Germaín con Enrique, sólo lo suponía a través del vitoreo del público. Y comenzó a sonar otro tema, completamente fuera del programa. Sonaba otro de los infaltables: “Murió la Flor”. Debo reconocer que luchaba por contener la emoción y la impotencia de, que a pesar de tener plena libertad para moverme por donde quisiera en el recinto, ese momento debía estar ahí.

Y ahí seguía: frente a mí la cortina de terciopelo entreabierta y, tras de mí, un emperifollado Enrique Maluenda, el presentador de la noche, esperando que lo entrevistara (acordado previamente). Pero sólo presenciaba el cierre de esa magnífica noche. Antes que terminara la canción, mientras los músicos perfilaban la coda, veo a Germaín acercarse y trato de incorporarme profesionalmente, haciendo la entrevista correspondiente. Pero mi intención era hablar con Nano Concha, todo un prócer de la originalidad en Chile. Finalmente pude conversar con él y llevarme sus impresiones. Se retiraron, se apagó la cámara, el micrófono y escuché un “aquí estoy”. Era Enrique Maluenda, a mi espalda, quien se me había olvidado producto de la emocionante noche.

Realmente fue muy grata la experiencia. Antes de este concierto, los había entrevistado en extenso, pero el concierto es lo que al final te llena el espíritu. Su música, su entrega y su historia. Uno de los mejores conciertos a los que he asistido, lejos.

Ahora voy en la van, de vuelta a Viña y aún escucho ese bajo perfectamente sincronizado con la batería, un teclado que suena infantil pero que sabe a experiencia y una voz gastada por el paso del tiempo. Siento que me quedan muchas experiencias más por vivir, pero sé, perfectamente, que este momento lo atesoraré de por vida. Un gusto haberlo compartido con ustedes.

michelle_bachelet_10 Respondiendo a la publicación de un amigo en su blog, he decidido retomar mis publicaciones en este espacio. La verdad es que a mí tampoco me gustó la era de mi aún presidenta Michelle Bachelet, y no lo digo por su persona. Su carisma y su empatía, indudables por cierto, causan desviaciones de lo importante y eso es lo que más me indigna y me asombra. Al terminar su gobierno, Bachelet esboza un muy aireado 84% de un éxito que no merece, de una realidad que no es la suya y de un país que no supo gestionar. Me impresiona de sobremanera la gran aceptabilidad que tienen, a todo nivel sociocultural, características menores como la simpatía o imagen de madre por sobre la empatía, liderazgo, responsabilidad o capacidad de gestión. Y no lo digo por la tremenda irresponsabilidad del tsunami; de eso no tiene la culpa directamente. Hablo de temas más de fondo.

Mi amigo es muy claro en sintetizar los errores de su gestión (o la falta de ella) nombrando “(la) implementación del Transantiago, Patio 29 y la mala identificación de cuerpos. Estallidos sociales como las protestas estudiantiles y huelgas prolongadas de muchos gremios. Desastres naturales que costaron vidas la mayoría de las veces por malas decisiones. Crisis económica. Muerte, inoperancia y decadencia”. Y lo peor de todo es que podríamos seguir.

Y una de las principales razones de tanta improvisación es algo que se viene arrastrando del gobierno de Lagos: la pésima práctica del corte compulsivo de cintas. ¿Qué hacemos para mantener tranquila a la ciudadanía? Mostrémosle obras construidas, calles “pavimentadas”, puentes que unan coterráneos, carreteras que ahorren tiempo, un medio de transporte mejorado o consultorios operantes. ¿Por qué hubo errores – no menores – en todas las anteriores? Y da la casualidad que estos dos gobiernos fueron los de mayor popularidad al terminar su mandato. En cambio, Aylwin y Frei fueron los que se especializaron en las políticas de largo plazo, las impopulares, esas que no sacan aplausos de la masa, ni reconocimientos en actos públicos como Teletones o partidos de fútbol. Sin embargo, gracias a muchas de esas medidas impopulares es que Chile es miembro de las más prestigiosas comunidades políticas y posee tratados con los países más poderosos. O en términos prácticos, gracias a eso podemos contar con computadores en la mayoría de las casas, conectarnos a internet y poder mostrar libremente nuestra opinión.

Presidenta Bachelet, al terminar su gobierno no le daré flores, de eso ya tiene bastante. Prefiero quedar como un amargado antes de contribuir con el ensalzamiento de falsos héroes que retuercen la política y la historicidad de todo un pueblo. Ya lo saben personajes sobrevalorados como Salvador Allende o Arturo Prat, cuyos nombres resultan ahora tristemente intocables. Ese 84% no le pertenece.

Al próximo presidente se le critica mucho la lejanía que tiene con la gente, el poco tacto que tiene con sus cercanos, hasta lo que su mirada refleja. Y claro que es importante. Pero ¿por qué esas críticas fueron factores determinantes de voto para mucha gente? Mi amigo pregunta en su blog “¿será ésta la nueva forma de gobernar?”, ojalá que no. Piñera derribó la barrera del populismo. Veamos si ahora se preocupa de las cosas realmente importantes. Estamos en condiciones de retomar esas viejas prácticas democráticas – al más puro estilo Aylwin – de políticas al largo plazo, pero llevadas a cabo por esta nueva camada política. Mi fe no reside tanto en el cambio de acera política, sino que en el recambio de tecnócratas por actores políticos de áreas tan diversas como directores de empresas, fundaciones, docentes, entre otras.

Ojalá que el próximo gobierno no pierda lo más valioso que dejó la Concertación: la sólida institucionalidad. Ahora hagamos las cosas, pero hagámoslas bien. Demos vuelta (al fin) la página y no critiquemos absurdamente sin antes haber vivido la gestión Piñera.

Mis mejores deseos al próximo presidente y mis saludos a Michelle Bachelet. Gracias por su simpatía.

Realmente cuesta pensar en una fiesta de amor y fraternidad entre tanto consumismo y ajetreo. Lejos de lo evidente, hasta llegué a pensar que la Navidad me había ido desencantando con los años. No sé si era porque estoy más viejo, aburrido o qué se yo, pero lo cierto es que me asombra ver tanta gente estresada comprando y buscando un regalo para un ser querido. No lo encuentro negativo y no estoy en contra de ello, simplemente prefiero vivir esta fiesta de manera distinta: sin regalos, con la familia reunida, hablar de lo bueno y lo malo del año, compartir entre nosotros sin que esté la ansiedad innata que produce estar próximos a recibir un regalo.

Ayer, caminando con una muy linda persona a 1 km. por hora en pleno centro de Santiago, me di cuenta que no valía la pena ir contra la corriente en esta fiesta. Son tantos y, en el fondo, son sinceras sus intenciones. Quizás, tras el regalo escudan sus miedos de decir un “te quiero” o un “eres importante para mí”. Por mi parte, elijo brindar por los presentes y por los que ya no están, por los amigos, por aquellas personas valiosas que la vida nos va dando a conocer y nos va quitando inexplicablemente. Pero lo más importante y lo único que pido,  es que esta unificación y nobles deseos se hagan extensivos al resto del año. ¡Qué grandioso sería que viviéramos en una sociedad más sensible y consciente del que está al lado nuestro! No hablo de cambiar el mundo, sino de preocuparnos de nuestro entorno más próximo. Y, a partir de esto último, he encontrado una nueva valoración a la Navidad.

En estas fiestas, acuérdense de aquellos que no pueden celebrar como lo haremos nosotros esta noche. Qué lo bello que manifiestan a todos se siga manteniendo el próximo año. No pidamos el éxito en nuestros futuros planes, pidamos humildad y empatía con nuestro entorno. No piensen a opulencia, sino que en encontrar la belleza en las cosas simples. En vez de pedir cosas cuidemos lo básico que tenemos: nuestra familia, amigos y medio ambiente. Además de celebrar esta noche, los invito a que también reflexionen en familia sobre lo importante que es el amor; algo tan manoseado, deseado y pocas veces valorado o entendido.

Sinceramente les deseo una linda fiesta en familia, cuál sea la estructura que ésta tenga.

Un abrazo gigante a todos mis lectores.

Gabriel

Debo reconocer que, en un principio, esta intolerancia desmedida que mostraban los detractores de Piñera no me producía más que risa. Pero ahora el asunto se ha puesto insoportable. Realmente lamento tanta falta de humildad, apertura de mente y capacidad de diálogo que presenta esta nueva oposición. Sé que es DEMASIADO pronto para hablar de algo así, pero me estoy refiriendo a los votantes comunes, y algunos políticos, que han arremetido con todo en las últimas horas. No es constructivo repetir hasta el cansancio que, en el futuro gobierno de Piñera, se privatizará hasta el aire. O que Piñera representa la imagen de Pinochet, entre muchos otros lugares comunes.

Enarbolan discursos de libertad y se sienten dueños de conceptos como esperanza, igualdad, pueblo y tantos otros, pero caen en sucias y traperas tácticas de descalificación cuando el poder se les va de las manos. No transan, no piensan en coaliciones constructivas que apunten hacia una sana oposición. Todavía se piensa que Pinochet es quien gobernará y entraremos en una nueva dictadura, pero, esta vez, más soterrada. Esto es igual de ilógico y absurdo que haber pensado que Lagos, como primer presidente socialista después de casi 30 años, sería el nuevo Allende. Las sociedades cambian, los pensamientos aún más y las oportunidades se ganan. Y esta vez ganó la derecha, ¿por qué aferrarse a un poder que se les fue de las manos mucho antes del 13 de diciembre? La democracia es para ambos lados.

Sean oposición constructiva. Las últimas reacciones no aportan a su coalición: genera odiosidad e ignorancia, divide aún más el país y, lo más importante de todo, los aleja cada vez más de obtener un porcentaje cercano a Piñera el próximo 17 de enero. Pero, insisto, mi mensaje va para el ciudadano común que  vota por Frei. Sean inteligentes, reconozcan su derrota con dignidad y altura de mira, transen en las ideas y hagan campaña a conciencia para la segunda vuelta.

Quien debe ganar no son los candidatos, es el país. Nosotros mismos. No es sano enfrascarnos en discusiones tan básicas como: tú privatizas y tú indultas; tú eres Pinochet y tú no has hecho nada en 20 años de gobierno; tú eres falso y tú mentiroso; entre tantas otras.

Frei y Piñera son grandes candidatos, no por nada llegaron donde están. Ninguno es completamente malo o completamente bueno. Ambos cuentan con pros y contras. Pero pensemos que el sistema no cambiará drásticamente. No puede ser así.

Antes de terminar, quisiera compartir mi última reflexión sobre el día de ayer. Lamento enormemente que el sistema binominal se haya mantenido tan fuertemente. Sólo 3 candidatos externos a los dos bloques principales obtuvieron un puesto en el Parlamento, ninguno de ME-O. También lamento que la fuerza independiente y apartidista, se haya manifestado en la figura de Marco Enríquez-Ominami. Pero bueno, esa es otra discusión.

No soy adivino ni futurólogo, pero lo que se nos viene ahora es una violenta y continua  intervención de parte del gobierno a favor de la campaña de Frei por acortar la distancia con su contendor. Pasó con Ricardo Lagos y sus ministros apoyando a Michelle Bachellet. Y la tendencia actual, antes de la primera vuelta, era la misma. Democracia escatológica, y apelo al eufemismo.

Página siguiente »

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.