Realmente cuesta pensar en una fiesta de amor y fraternidad entre tanto consumismo y ajetreo. Lejos de lo evidente, hasta llegué a pensar que la Navidad me había ido desencantando con los años. No sé si era porque estoy más viejo, aburrido o qué se yo, pero lo cierto es que me asombra ver tanta gente estresada comprando y buscando un regalo para un ser querido. No lo encuentro negativo y no estoy en contra de ello, simplemente prefiero vivir esta fiesta de manera distinta: sin regalos, con la familia reunida, hablar de lo bueno y lo malo del año, compartir entre nosotros sin que esté la ansiedad innata que produce estar próximos a recibir un regalo.

Ayer, caminando con una muy linda persona a 1 km. por hora en pleno centro de Santiago, me di cuenta que no valía la pena ir contra la corriente en esta fiesta. Son tantos y, en el fondo, son sinceras sus intenciones. Quizás, tras el regalo escudan sus miedos de decir un “te quiero” o un “eres importante para mí”. Por mi parte, elijo brindar por los presentes y por los que ya no están, por los amigos, por aquellas personas valiosas que la vida nos va dando a conocer y nos va quitando inexplicablemente. Pero lo más importante y lo único que pido,  es que esta unificación y nobles deseos se hagan extensivos al resto del año. ¡Qué grandioso sería que viviéramos en una sociedad más sensible y consciente del que está al lado nuestro! No hablo de cambiar el mundo, sino de preocuparnos de nuestro entorno más próximo. Y, a partir de esto último, he encontrado una nueva valoración a la Navidad.

En estas fiestas, acuérdense de aquellos que no pueden celebrar como lo haremos nosotros esta noche. Qué lo bello que manifiestan a todos se siga manteniendo el próximo año. No pidamos el éxito en nuestros futuros planes, pidamos humildad y empatía con nuestro entorno. No piensen a opulencia, sino que en encontrar la belleza en las cosas simples. En vez de pedir cosas cuidemos lo básico que tenemos: nuestra familia, amigos y medio ambiente. Además de celebrar esta noche, los invito a que también reflexionen en familia sobre lo importante que es el amor; algo tan manoseado, deseado y pocas veces valorado o entendido.

Sinceramente les deseo una linda fiesta en familia, cuál sea la estructura que ésta tenga.

Un abrazo gigante a todos mis lectores.

Gabriel

Debo reconocer que, en un principio, esta intolerancia desmedida que mostraban los detractores de Piñera no me producía más que risa. Pero ahora el asunto se ha puesto insoportable. Realmente lamento tanta falta de humildad, apertura de mente y capacidad de diálogo que presenta esta nueva oposición. Sé que es DEMASIADO pronto para hablar de algo así, pero me estoy refiriendo a los votantes comunes, y algunos políticos, que han arremetido con todo en las últimas horas. No es constructivo repetir hasta el cansancio que, en el futuro gobierno de Piñera, se privatizará hasta el aire. O que Piñera representa la imagen de Pinochet, entre muchos otros lugares comunes.

Enarbolan discursos de libertad y se sienten dueños de conceptos como esperanza, igualdad, pueblo y tantos otros, pero caen en sucias y traperas tácticas de descalificación cuando el poder se les va de las manos. No transan, no piensan en coaliciones constructivas que apunten hacia una sana oposición. Todavía se piensa que Pinochet es quien gobernará y entraremos en una nueva dictadura, pero, esta vez, más soterrada. Esto es igual de ilógico y absurdo que haber pensado que Lagos, como primer presidente socialista después de casi 30 años, sería el nuevo Allende. Las sociedades cambian, los pensamientos aún más y las oportunidades se ganan. Y esta vez ganó la derecha, ¿por qué aferrarse a un poder que se les fue de las manos mucho antes del 13 de diciembre? La democracia es para ambos lados.

Sean oposición constructiva. Las últimas reacciones no aportan a su coalición: genera odiosidad e ignorancia, divide aún más el país y, lo más importante de todo, los aleja cada vez más de obtener un porcentaje cercano a Piñera el próximo 17 de enero. Pero, insisto, mi mensaje va para el ciudadano común que  vota por Frei. Sean inteligentes, reconozcan su derrota con dignidad y altura de mira, transen en las ideas y hagan campaña a conciencia para la segunda vuelta.

Quien debe ganar no son los candidatos, es el país. Nosotros mismos. No es sano enfrascarnos en discusiones tan básicas como: tú privatizas y tú indultas; tú eres Pinochet y tú no has hecho nada en 20 años de gobierno; tú eres falso y tú mentiroso; entre tantas otras.

Frei y Piñera son grandes candidatos, no por nada llegaron donde están. Ninguno es completamente malo o completamente bueno. Ambos cuentan con pros y contras. Pero pensemos que el sistema no cambiará drásticamente. No puede ser así.

Antes de terminar, quisiera compartir mi última reflexión sobre el día de ayer. Lamento enormemente que el sistema binominal se haya mantenido tan fuertemente. Sólo 3 candidatos externos a los dos bloques principales obtuvieron un puesto en el Parlamento, ninguno de ME-O. También lamento que la fuerza independiente y apartidista, se haya manifestado en la figura de Marco Enríquez-Ominami. Pero bueno, esa es otra discusión.

No soy adivino ni futurólogo, pero lo que se nos viene ahora es una violenta y continua  intervención de parte del gobierno a favor de la campaña de Frei por acortar la distancia con su contendor. Pasó con Ricardo Lagos y sus ministros apoyando a Michelle Bachellet. Y la tendencia actual, antes de la primera vuelta, era la misma. Democracia escatológica, y apelo al eufemismo.

Aún me parece insólito el hecho que, muchos chilenos, celebren o lloren la muerte de Augusto Pinochet. Al contrario, deberíamos sentirnos profundamente avergonzados por el fracaso institucional y político que experimentó Chile al no haber juzgado ni al dictador ni a muchos que aun están en la impunidad. Dirán que no se podía, que había fuerzas sobrenaturales que impedían el correcto funcionamiento de Tribunales… y la conformidad se aloja una vez más en la base más profunda de la argumentación.

Desde el 11 de marzo de 1990, desde aquel tímido pero glorioso retorno a la democracia, se abrieron caminos y acertadas propuestas para iniciar el camino hacia la reconciliación: comisión Rettig o Valech, entre las más destacadas. Es realmente valorable el trabajo realizado por el arzobispo Juan Francisco Fresno, Gabriel Valdés y Patricio Aylwin, entre otros pocos… pero muy pocos. Sin embargo, las piedras de tope eran muchas y desde todos los bandos.

Algunos sectores de las FFAA solo colaboraron a su modo, entregando informes parciales sin derecho a réplica; la derecha, en 1998, tomó el arresto de Pinochet en Londres como una bandera de lucha en contra de la intervención internacional en asuntos de una república independiente y soberana, obviando la discusión sobre la violación a los DDHH y apelando a su incapacidad de mirar el pasado; la Concertación utilizó, en innumerables ocasiones, sus tácticas populistas para sindicar a los Tribunales, a la derecha y a las FFAA de los crímenes cometidos en el periodo de la dictadura militar, sin realizar aportes sustanciales – en su mayoría – a la reconciliación, esclarecimiento de los casos y enjuiciamiento de los culpables.

Casi todos fallaron. Unos por desidia (la mayoría), otros por encubrimiento (parte de los ex uniformados), otros porque les era cómoda la situación (gran parte de la Concertación), otros porque no les convenía debatir (extrema derecha). Es indecoroso atribuir la responsabilidad a un solo sector. Culpables más, culpables menos. El dictador murió y Chile no lo enjuició.

Este 10 de diciembre no hay nada que celebrar, sólo avergonzarnos por nuestra incapacidad para juzgar atroces hechos de nuestro pasado inmediato. Excusas habrán por doquier. Con los años diremos que durante este tiempo no se podía juzgar porque la historia era muy reciente y que los locos de aquella época escribían y debatían inspirados en la efervescencia de la proximidad histórica. Y bueno, probablemente tengan razón.

Resulta bastante irrisorio cómo algunos sectores, especialmente políticos, rasgan vestiduras con el progresismo, la vanguardia y/o la tendencia liberal. Una gran mayoría dirige sus pasos por esa vía, enarbolando discursos ajenos y símbolos que contradicen su propia ideología. Allamand, hace unos días, se desdijo sobre la legalidad de la unión homosexual, al ser ésta desprendida del proyecto que, junto a Chadwick, presentaron con el fin de legalizar las uniones de hecho. Carlos Peña, al estilo Pilar “tengo la verdad” Sordo, publicó hoy una columna en El Mercurio atendiendo este hecho. En ella, elucubró una serie de argumentos que atacaban las pretensiones liberales de la derecha, asegurando que el conservadurismo y la Iglesia mantenían el orden y las líneas de ese sector político. El hecho de Allamand lo etiquetó de cantinflada.

Utilizaba eufemismos como “para esa derecha”, refiriéndose a RN (el sector más liberal de la derecha), dejando entrever que el resto de la derecha podría ser aun más sesgada y absolutista. También ironizaba con la Iglesia y el sector más conservador de la derecha, aduciendo que éste había hegemonizado al bloque con un puñado de convicciones “para impedir el desorden; evitar que los demás seres humanos nos vayamos al despeñadero; y continuar la lucha por la moral de párroco”.

Y no sólo él ha ido en esta cruzada de “¿quién es el más liberal?”. La Concertación y su candidato, y la repentina y apurada efervescencia por ME-O, también han ido por esta línea. Basta recordar algunos dichos de ambos. Como Frei (candidato de un partido cristiano) aceptando soterradamente la unión homosexual, defendiéndola como “temas de derechos humanos”; o ME-O, quién ha aceptado cuánto discurso “progresista” se le ha presentado por delante.

Todo lo anterior se resume a un problema de enfoque. Chile no es un país liberal, por mucho que se quiera lo contrario. Aun hablamos de “aceptar” a los homosexuales en nuestra cotidianeidad, como si fuesen distintos a nosotros. Se les repliega a otra categoría y nosotros, en un fin altruista, los aceptamos como buenos coterráneos que somos. Y esto es transversal a los tres candidatos con mayor votación. Que digan que tienen en sus planes de gobierno medidas inclusivas para este sector de nuestra población es algo que no pasa de ser demagogia. Aun no existe un bloque político capaz de captar una mayoría con el fin de aceptar medidas de este tipo. La derecha actual es demasiado conservadora y aun escucha atentamente lo que tenga que decir la Iglesia. La Concertación, que es la que se ha acercado más a estos temas, tampoco ha presentado una veta liberal en sus 19 años de gobierno; avances ha habido, pero en ningún caso se puede decir que es una tendencia.

Mucha agua tiene que correr bajo el puente para se comiencen a proponer medidas sostenibles que apunten hacia el liberalismo ideológico. Por mientras, seguiremos escuchando estas promesas carentes de visión a corto plazo.

Son casi 470 años de la Iglesia Católica en Chile, la principal religión cristiana, y su influencia en temas valóricos, indefectiblemente, no se puede obviar. Recordemos que existe un 85,1% de personas que se declaran cristianas en Chile, según el último censo.

Lo que necesitamos son reales gestores de cambio en las distintas esferas sociales de nuestra institucionalidad: en la política, en la Iglesia, en nuestros líderes de opinión. Críticas agresivas y escasamente constructivas, como la de Carlos Peña, no ayudan para el crecimiento ideológico de un país.

Ojala estuviese vivo el Cardenal Silva Henríquez para taparle la boca a estos irrespetuosos dueños de la verdad y para liberalizar a la política y a la Iglesia, obviamente en sintonía con sus creencias.

Depeche Mode en Chile:

“¡Buenas noches, Santiago!”

Depeche-ModeEsta vez David Gahan no se equivocó, como lo hizo en Perú el martes pasado cuando agradeció en el escenario de Lima: “thank you very much, Chile!”. Anoche, en vez de citar el nombre de nuestro país, gritó un fuerte y claro: “Good evening, Santiago!”, al finalizar la primera tanda de tres canciones.

Potencia, energía, entrega y, por sobre todo, carisma. Lo anterior es completamente redundante en la prolija carrera de los ingleses. Anoche, un Club Hípico desbordado testificó lo que siempre sospechó. Uno tras otro iban los éxitos de ese repertorio generoso que se ha mantenido intacto durante la gira, intercalados sólo por un par de nuevas canciones. Sonaron así It’s No Good, Precious, In Your Room, I Feel You, Enjoy The Silence y Never Let Me Down Again, entre otras.

Se comentaba que David Gahan venía resfriado desde Perú y se escribió que su estado no pasó de ser una anécdota. La verdad es que no fue así. In Chains, canción que abre el último disco y saludo inicial del concierto de anoche, fue en la cual se percibió, claramente, un registro muy desafinado de Gahan. El augurio no era el mejor. A esto se sumaba una evidente deficiencia en el sonido y una falla en la última pantalla del campo (sólo vista por la cancha general) que se hizo visible a partir de Hole To Feed (tercera canción).

Sólo a partir de Precious el panorama cambió rotundamente: pantalla 100% funcionando y unos bajos que desequilibraron al más impertérrito asistente. “Things get damaged // Things get broken”, cantaba un irónico Gahan.

El Club Hípico entero se vino abajo cantando, Home, junto a una gloriosa interpretación vocal de Martin Gore, quién se caracterizó por sus sostenidas y potentes notas, dejando de manifiesto su liderazgo en el grupo.

Sin ánimos pretenciosos,  el trío selló el primer bloque del concierto con una tanda de cinco de las canciones imperdibles en la historia de Depeche Mode, evidenciando – una vez más – la calidad de la banda que el público tenía en frente en esos momentos. Era el turno de Policy Of Truth, In Your Room, I Feel You, Enjoy The Silence y Never Let Me Down Again.

A esta altura, el problema vocal de Gahan estaba prácticamente olvidado. Sus bailes, su presencia en el escenario y su voz, en notoria mejoría, dejaron en claro el carisma del vocalista quién, más que un simple integrante, logra darle actitud, originalidad y reconocimiento a la banda. Y se notó

A eso de las 22:30 hrs., el grupo hace su primera retirada. Luego de un instante, aparece un solitario Martin Gore a escena, agradece al público e interpreta Somebody, el primer sencillo de Depeche Mode en el que canta Gore. La balada se coló por todos los rincones y el piano hizo vibrar a los más de 45.000 asistentes. Quizás por desconocimiento o quizás por respeto, lo cierto es que la mayoría del público escuchó silenciosamente la potente y sentida voz del principal compositor del trío inglés.

Y fue la nostalgia el leitmotiv de la coda del concierto. Sólo 80s primó al finalizar. Así  sonó Stripped y una espectacular versión de Behind The Wheel. Luego de un breve corte, Personal Jesus y un cierre inesperado: la balada Waiting For The Night, que dejó boquiabiertos a muchos y, a otros, en la completa indiferencia, mientras abandonaban el recinto con el teclado de Andrew Fletcher y las voces perfectamente sintonizadas de Gahan y Gore de testigo.

¿Faltaron canciones? Bueno, siempre se dice lo mismo al finalizar un concierto. En este caso, Depeche Mode repasó lo más importante de su carrera. No dejó espacio para vacíos o el desagradable “gusto a poco”. Sus casi 30 años de existencia se reconocen sin reparos. La solidez musical de este dúo extendido quedó patente en una noche que no fue de lo más positiva para David Gahan, pero que sí su compañero y líder, Martin Gore, pudo manejar sabiamente.

Canciones

-          In Chains

-          Wrong

-          Hole to Feed

-          Walking in My Shoes

-          It’s No Good

-          A Question of Time

-          Precious

-          Fly on the Windscreen

-          Jezebel

-          Home

-          Miles Away/The Truth Is

-          Policy of Truth

-          In Your Room

-          I Feel You

-          Enjoy the Silence

-          Never Let Me Down Again

(corte)

-          Somebody

-          Stripped

-          Behind the Wheel

(corte)

-          Personal Jesus

-          Waiting for the Night

“El sábado 1 de octubre (1983) Pinochet sobrevolaba Pichilemu, dentro de una gira por la VI Región, cuando las turbinas del helicóptero fallaron y se inició un pavoroso descenso de emergencia. El piloto maniobró angustiosamente para tocar tierra. La información oficial fue parca, pero el accidente pudo resultar fatal”. Así describe Ascanio Cavallo a fines de los 80s una simple anécdota que, quizás, representa iconográficamente el comienzo del declive del régimen militar. Desde ese año dos fuerzas diferentes confluyen en un sólo propósito. Los siguientes acontecimientos fueron los hechos políticos claves y precursores que iniciaron este proceso que cambió el destino de este país.

Diez días después del incidente en Pichilemu se daba inicio a la sexta protesta organizada por la oposición. Ésta, a diferencia de las anteriores, destacaba por ser el fin del primer intento de diálogo democrático y organizado entre sectores divergentes. La efervescencia política y los conflictos sociales se acrecentaban cada vez más. Era finales de 1983 y la oposición exigía, entre muchas cosas, la restitución del Congreso, la legitimación de los partidos políticos y, por sobre todo, derrocar la dictadura. El Gobierno, por su parte, consideraba el restablecimiento del Parlamento para 1985 y un plebiscito para 1989. Del resto, nada. La posición oficialista era intransigente.

Desde fines de agosto de ese año, Gabriel Valdés, presidente de la entonces desarticulada DC, encabezó una serie de tres reuniones entre el Gobierno, representado por el ministro del Interior Sergio Onofre Jarpa, y la oposición, articulada en el movimiento moderado Alianza Democrática. Esta treta de diálogo fue convocada e incentivada por el arzobispo de Santiago, Juan Francisco Fresno, quién – una vez establecidas las convocatorias – se retiraba del lugar con el fin de no interferir en las citas.

Gabriel Valdés

Gabriel Valdés

Gabriel Valdés

“Hemos venido en representación de los partidos”, inició Valdés en la primera cita con Jarpa el 25 de agosto de 1983. En relación a las protestas populares, que a esa fecha llegaban a cuatro desde el 11 de mayo de ese año, el falangista señaló que era la única forma de expresión que tenía la ciudadanía y le pidió al Ministro que no las considerara como un acto de violencia, sino que como un “gesto de rebeldía de un pueblo sin vías de expresión”. Terminó su discurso señalando que Augusto Pinochet obstaculizaba el entendimiento, lo que generó la ira del ministro.

De corte moderado pero enfático a la hora de negociar con el Gobierno, Gabriel Valdés era la figura idónea para orquestar los primeros intentos de diálogo. Su talante trascendía los escenarios más adversos.

En respuesta a las manifestaciones opositoras, el Gobierno, junto a una remozada campaña de imagen, organizó una manifestación de apoyo a la dictadura el 9 de septiembre frente a La Moneda. El objetivo era debilitar la avanzada de la oposición. Y, en parte, se logró.

Gabriel Valdés comenzó a sentir la presión desde su propio bando. En la Alianza Democrática, e incluso en su propio partido, comenzaron a dudar del éxito de las negociaciones con Interior y los dardos recayeron en su persona.

Al día siguiente de la celebración de los 10 años del régimen, el contacto con Jarpa se había suspendido. Valdés buscó apoyo del oficialismo en Carlos Reymond, político de buena voluntad y amigo de Jarpa. La nueva estratagema sería una reunión privada, sin prensa, con el ministro.

Valdés alegó el carácter inorgánico que estaba tomando la dinámica de apertura del oficialismo, pero Jarpa sólo ofrecía la instauración de una comisión que no convencía a la oposición. Finalmente llegaron al acuerdo de establecer un plan de trabajo organizado y con la posibilidad de más de una comisión, las que se encargarían de diversos temas como la Constitución, pero con la condición de que las conclusiones de éstas fueran analizadas por la Junta de Gobierno.

El presidente de la DC actuó rápidamente y logró la aprobación de su partido y la Alianza Democrática sobre la propuesta ministerial. En un par de días redactó el documento con la proposición.

De esta manera se estableció la tercera reunión entre los dos bandos, convocada por el arzobispo. Ésta vez la cita fue secreta con el fin de no estimular la polémica en la opinión pública.

La reunión resultó infructuosa. El oficialismo creía que la Alianza Democrática estaba presionando demasiado y la oposición aseguraba que Jarpa intentaba envolverlos en el régimen.

Al día siguiente del incidente del helicóptero, Pinochet señaló que la Constitución “no se alterará, cueste lo que cueste” y que los políticos podían “seguir conversando no más”.

La Alianza Democrática dio por finalizado su intento de diálogo con el Gobierno. El 11 de octubre se convocó a la sexta protesta popular de ese año. Duró cuatro días y la beligerancia en el país se acrecentó aun más.

La Iglesia

Juan Francisco Fresno

Juan Francisco Fresno

El arzobispo Juan Francisco Fresno no sólo actuó organizando citas entre Jarpa y la Alianza, sino que realizó un papel clave cuando todo parecía perdido.

En 1985, luego de una serie de aproximaciones, más bien teóricas que pragmáticas, entre sectores divergentes (las mesas de diálogo del ’83, el abortado plan gubernamental para enmendar la Constitución, el trabajo de centros de estudios para aproximar posiciones antagónicas, entre otras), el ánimo para continuar con propósitos concertantes había decaído.

En este escenario entra nuevamente el arzobispo Juan Francisco Fresno. Inspirado en la tesis que la oposición no estaba completamente unificada para presentar un proyecto de cambio, y que la incipiente derecha democrática podría ser muy constructiva, planificó una serie de desayunos con los tecnócratas más representativos de los diversos sectores. La idea era, entonces, recoger sus principales ideas y preparar un informe de factibilidad técnica de peso para presentarla al Gobierno. Para esto, conformó un equipo de trabajo con José Zabala de la Fuente, presidente de la Unión Social de Empresarios Cristianos; Sergio Molina Silva, ex ministro de Hacienda de Eduardo Frei Montalva; y Fernando Léniz Cerda, laico y agnóstico, era el ex ministro de Economía de Pinochet hasta 1975.

El primero de la ronda fue Patricio Aylwin, el representante del partido más popular de ese momento: PDC. Cabe señalar que Fresno no citó a Gabriel Valdés porque consideró que sería una intromisión al proceso de elecciones internas de su mesa directiva, a la que Valdés estaba postulando para su reelección.

De aquel desayuno se extrajo las intenciones de Aylwin por reformular la Constitución, tarea que recomendó a Mónica Madariaga, ex Ministra de Justicia y Educación, y a Mónica Jiménez, miembro de la comisión Justicia y Paz del Episcopado.

El siguiente en la lista era ahora un izquierdista: Carlos Briones, ex ministro del Interior de Salvador Allende. A continuación, y saliéndose de la Alianza, la cita fue con el derechista y ex senador Francisco Bulnes, considerado por sus aportes al diálogo concertador entre la divergencia. Luego vendría el radical Enrique Silva Cimma (centro izquierda), el republicano Hugo Zepeda (centro derecha), el socialdemócrata René Abeliuk (centro izquierda) y el nacional Pedro Correa (centro derecha). Finalmente se consideró al dirigente juvenil y derechista Andrés Allamand, debido a su pensamiento independiente.

El 25 de mayo de 1985, Juan Francisco Fresno fue ungido como cardenal por el papa Juan Pablo II y su capacidad de gestionar cambios en el país fue mayor. Desde ese momento inició una campaña al interior de la Iglesia para convocar al diálogo ya a nivel institucional. La tratativa de los desayunos fue el comienzo de una serie de medidas que, desde la misma Iglesia, irán en pos de los acuerdos entre Ejecutivo y oposición.

El Gobierno, por su parte, estaba perdiendo fuerza no sólo en términos de popularidad, sino que también en su relación con el Tribunal Constitucional. El sentido del establecimiento del estado de sitio iba disminuyendo y apuntando más hacia la impunidad criminal que hacia el sostenimiento del orden. Por este motivo, el Gobierno decidió endurecer su política y reemplazar el plan de suspensión de libertades públicas por uno de “restricción”, especialmente las libertades de expresión y reunión.

En este contexto, Pinochet solicita renovar por un tercer periodo el estado de sitio. En términos prácticos, se solicitaba al Tribunal que le confiera al Gobierno la capacidad de imponer censura con la simple declaración de estado de emergencia. “El poder de restringir – decía el oficio – comprende necesariamente el de revisar, con anterioridad a su emisión, todos los medios a través de los cuales se difundirán las opiniones o informaciones, a objeto de determinar cuáles de aquellos o qué aspectos de los mismos pueden ser publicados y cuáles deben ser limitados u omitidos”.

El Tribunal Constitucional, causando el total desconcierto del Gobierno, rechazó la propuesta, especialmente la facultad de “restringir” y los términos asociados al estado de excepción.

Éste vendría siendo el primer gran revés que sufrió la dictadura militar, comenzando así un progresivo y profundo decaimiento del régimen.

Intransigencia del Ejecutivo, cambios constantes en el gabinete, inestabilidad institucional y la fuerza de la oposición lograron el derrocamiento del sistema autoritario un día como hoy, hace 21 años.

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Única entre tanta distracción

“Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón” Así cantó la negra Sosa en 1985 una hermosa canción que compuso Fito Páez. Entregar el corazón a pesar de todo. “No será tan fácil ya se qué pasa // No será tan simple como pensaba // Como abrir el pecho y sacar el alma // Una cuchillada de amor”.

La pérdida de la madre de América caló hondo en nuestra cultura latina y nuestros corazones. Sosa no tenía nacionalidad, nos cantó a todos por igual. Su dulce y tierna voz al hablar contrastaba con su enérgica y gruesa voz al cantar. Su figura, su carisma, su entrega, su amor maternal, son bendiciones que nunca perecerán. Mercedes Sosa derrochaba talento y sentimiento. No existirá homenaje digno de su altura, ni artista que se le parezca. Su carisma la hace única, única entre tanta distracción y su cualidad de única la hace eterna, como Atahualpa Yupanqui o Violeta Parra.

Su pérdida trasciende géneros, generaciones y corazones. Las palabras me alcanzan y la emoción me supera. Sólo queda agradecer su inspirador paso por este mundo y quedarnos con su hermosa herencia.

Gracias madre Sosa por tus décadas de iluminados versos. Gracias madre Sosa por tus 74 años de amor. Gracias madre Sosa por tu orgullo latino. Gracias madre Sosa por tu eterno legado.

Emocionado, y humildemente desde esta tribuna, te vengo a ofrecer mi corazón. ¡Hasta siempre, negra!

Les quiero regalar a ustedes esta canción que, desde chico, me marcó. “Yo vengo a ofrecer mi corazón” en la voz de Fito Páez y Mercedes Sosa.

Novedoso invento toma el lugar del ojo para rastrear qué, cómo y cuánto leemos

Eye Track ’07: lo que leemos de verdad

Lo que estás viendo, en este preciso instante, es donde se presta la mayor atención al momento de tomar un texto, después del título y la foto que ya viste. Este párrafo, por ejemplo, es considerado como zona caliente, es decir, una de los elementos más leídos en un texto. Todas estas observaciones gracias al revolucionario Eye Track ’07.

keys_01 El Eye Track ’07 es un dispositivo inventado por el Poynter Institute para medir el comportamiento de un lector. Este invento consiste en un casco, cuidadosamente calibrado, el cual tiene dos pequeñas cámaras: una que graba el movimiento del ojo y otra que graba lo que el lector mira. Esto, permite saber no sólo lo que leen, sino que también cuánto leen y qué elementos gráficos son los que atraen y mantienen la atención del lector.

La finalidad de este estudio era comparar el comportamiento de los diferentes tipos de lectores. “Buscamos a 200 lectores de tabloides (tipo La Segunda), 200 lectores de periódicos grandes (tipo El Mercurio) y 200 lectores de noticias en páginas web” señaló Sara Quinn, facultativa de Poynter.

El Instituto hizo una exhaustiva lista de más de 300 elementos como títulos, fotos o podcasts con el fin de determinar a cuáles se les pone mayor atención y cuánto es lo que, efectivamente, leen.

Otro de los objetivos planteados por el Poynter Institute fue saber cuánto recuerda una persona de lo que lee. Para esto, se diseñaron 3 prototipos de noticias en línea y 3 escritas en papel. Cada prototipo contenía la misma información pero estaba escrita de manera distinta. Un lector sólo tomaba un prototipo. Luego de cinco minutos se les realizaba un cuestionario sobre lo que habían leído.

LOS RESULTADOS

Una vez que la recopilación de datos estuvo completa, científicos y estudiantes de la Universidad de Florida observaron cada video, registraron lo que los lectores buscaban y el número de veces que el ojo se detuvo en cada elemento codificado.

Más de 102 mil veces el ojo se detuvo en las 582 grabaciones de las sesiones de lectura, las que fueron codificadas y analizadas. Mediamark Reseach Inc. analizó estos datos y colaboró en el diseño del estudio.

Las principales conclusiones del estudio:

- Mientras más largo sea el texto menor atención le pondrá el lector

Ninguna sorpresa en eso, lo novedoso está en que este estudio rompe un mito sobre la diferencia entre la lectura online y la de papel. El lector de Internet lee, en promedio, un 77% de las noticias que escoge. Esto supera ampliamente a los lectores de tabloides (62%) y de periódicos de formato grande (57%). Cuando la noticia es más extensa, en cantidad de palabras, los lectores online siguen leyendo más que los de papel.

- Dos tipos de lectores: el metódico y el que ojea

Los lectores online presentan navegantes de los dos tipos y en la misma proporción, en cambio, los lectores del papel son más metódicos. Éstos últimos leen desde el titular hasta el final de la noticia. Los que ojean, son mucho más desordenados y ven las noticias en distinto orden; leen parte de la historia, las fotos o los artículos pequeños.

- Una forma alternativa de entregar una noticia recibe la misma alta atención que una convencional

El estilo clásico y formal de entregar información atrae la misma atención que una manera alternativa y novedosa de hacerlo.

- El título primero

Contrario a lo que se pudiese pensar, una foto no es más llamativa que un titular. El lector de periódicos impresos escoge primero el titular y luego ve la foto, en cambio el lector online opta por navegar, sin necesariamente detenerse en algo en particular.

(Conclusiones exclusivas de los lectores de periódicos impresos)

- El tamaño sí importa

Títulos largos atraen más la atención que los titulares más pequeños. Otra conclusión que se llegó, es que las noticias cortas que aparecen a un costado de las páginas son bien recibidas por los lectores, más aun si ésta es acompañada de una foto. En las portadas son más llamativas las noticias con los titulares más grandes y las fotos que tengan un tamaño superior al promedio (idealmente que se salga de los márgenes).

- La importancia de la voz del lector

Los estudiados mostraron un interés particular en secciones donde el lector expresa su opinión, como en las ‘Cartas al director’. El interés es superior sobre secciones como editorial o columnas de opinión.

El PROCESO

El estudio se realizó a personas de ambos géneros, entre 18 y 60 años y con un nivel de exposición similar a las noticias durante el tiempo de estudio. Durante periodos de cinco días, los lectores leían periódicos y páginas webs reales desde julio a noviembre del 2006.

Los estudiados llegaban al Poynter Institue con la instrucción que no leyeran ningún tipo de noticias antes de las pruebas. Estaban por 90 minutos leyendo en internet y en papel, sin especificarles la cantidad de tiempo destinada a cada medio. Cada 15 minutos los hacían descansar para asegurarles su concentración y limitar la recolección de datos.

Casa okupa de República 550

Casa okupa de República 550

Por que jamas podran acabar con lo que emos logrado en estos 4 aos de autonimia y autogestion” (sic). Así establecía el grupo cultural AKI en su sitio web una vez allanada una propiedad de Beauchef en respuesta al desalojo de República 550 unas semanas antes. Con esa sintaxis, con esa ortografía y morfología, con sus propias reglas. Cuatro años estuvo el grupo en el barrio universitario, cuatro años de autogestión y resistencia, cuatro años que nos hacen pensar sobre el tipo de ciudad que tenemos.

No es nuevo el discurso del poco espacio que tienen los jóvenes en la sociedad, hasta suena cliché. Y, si bien es cierto, el Gobierno ha reaccionado otorgando una serie de medidas destinadas a paliar esta situación, han sido sólo parches que no atienden el trasfondo del asunto. Más que llevarles una obra de teatro a su población, la motivación mayor la encontrarán en la posibilidad de que ellos mismos sean quiénes la planifiquen, gestionen y presenten. ¡La juventud no precisa migajas!

Los jóvenes se encuentran, actualmente, en un escenario de posibilidades que los repliega a ceñirse a espacios muy definidos, lo que provoca el desencantamiento con la cultura y la utilización constructiva del ocio. Los pocos que superan esta enorme barrera y se interesan por participar en movimientos políticos, culturales o de desarrollo comunitario, deben consumir – conscientemente o inconscientemente – las normas que esas agrupaciones tengan. Pero, ¿qué pasa si es que un partido político, una agrupación religiosa o un centro cultural no es lo que andan buscando? La alternativa será, entonces, la marginalidad.

Señores, la palabra clave es autogestión.

Muchos de estos movimientos fracasan o, al menos, ven amenazada su continuidad debido al desinterés y poca constancia de sus integrantes. ¿Será que los jóvenes sólo se interesan en la diversión? El tema no va por ahí. Pero sí es importante destacar que la frustración frente a este sistema tan rígido puede provocar que muchos de ellos caigan en prácticas reprochables, como la drogadicción o la delincuencia, al no descubrir una manera constructiva de utilizar el tiempo libre.

Es entonces acá donde se tiende a relacionar a los movimientos anti sistémicos con grupos vandálicos. Y es que éstos últimos también merecen especial atención, ya que son una de las capas sociales más relegadas de todas. No se les ha tomado el peso y se les considera como ‘casos aislados’. Es el maldito axioma de nuestra sociedad: un problema sólo es alarmante cuando se hace sistémico.  Démonos cuenta que todo se relaciona, aunque, en las bases, sean completamente distintos. El entramado es mucho más conciliador de lo que se cree (y quiere).

Chile necesita renovar sus estructuras y dar a los jóvenes la capacidad de gestionar sus propios proyectos, sean culturales, políticos, religiosos o de cualquier índole. Financiamiento existe y el traspaso de esos fondos a los movimientos actuales es real, al menos en su mayoría. Bastaría un gesto desde el Ministerio de Cultura (o las entidades pertinentes) para cambiar las cosas.

Pero, ¿qué nos detiene? Quizás la desconfianza. El sistema actual sólo permite financiar aquellas agrupaciones que presenten una personalidad jurídica. Esto puede ser bastante obvio para muchas personas, pero, ¿qué hay de quienes no desean pertenecer al actual “sistema”? Será conveniente, entonces, reconsiderar la estructura gubernamental destinada a administrar los fondos concursables. ¿Exageración? No, es simplemente la manifestación de una sociedad cambiante.

No estoy hablando de un proyecto utópico en una sociedad utópica, ni de la implementación de largos y engorrosos cambios. Capacitación a los jóvenes en la elaboración de proyectos y, sobre todo, una restructuración del actual sistema de financiamiento. Acá no se está mendigando por ayuda, acá se exige un cambio estructural pero en serio en la otorgación de fondos concursables. Sólo así podremos vivir en armonía con estos movimientos anti sistémicos

La sociedad está cambiando y nuestra visión también debe hacerlo. Hemos avanzando tanto en infraestructura, instituciones y políticas, pero nos hemos quedado atrás en la adaptación y aceptación de nuevas ideas y tendencias. Creo que hasta el final de esta columna se sigue relacionando, quizás inconscientemente, a grupos anti sistémicos con terroristas o a movimientos insurgentes con vandalismo.

Cambiar la percepción y disposición frente a nuevas ideas sólo depende de nosotros. Quizás sabremos que hemos cambiado sólo cuando un AKI deje de deambular.

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Escribir sobre una banda que te guste es bastante fácil, porque sabes sobre su carrera discográfica o echas mano a los recuerdos. Pero escribir sobre una banda que realmente te apasiona, más aún a horas de su despedida, es sumamente difícil.

Era la última, la gran despedida. El cierre de un capítulo de 12 años en la historia del rock chileno. El fin de la carrera de una banda que entregó música, calidad y corazón por 12 años. Weichafe se despidió frente a 600 personas, aproximadamente. Nadie faltaba y nadie sobraba. El público de los “guerreros” siempre fue así: aguerridos, fieles a toda prueba… pero siempre los mismos. (Y bueno, públicos populosos no es sinónimo de calidad. Además, muy pocos entenderían (o aguantarían) canciones como “Harto de Todo”).

“Hazme Dormir” fue la obertura del réquiem de una banda que no dio segundas lecturas de su discurso, ni se sintió parte de toda la vorágine bastante confusa del nuevo rock chileno. Banda a la cual los medios catalogaron como “una de las mejores bandas emergentes”, cuando llevaban 10 años de carrera.

En su fructífera y prolija carrera dieron con un singular perfil que nos representó a todos quienes los seguimos por años: el ser “Weichafe”. “Yo no quiero ser disociador, pero el huevón que vote por Piñera ¡¡NO ES WEICHAFE!!”, señaló anoche enfáticamente su vocalista Angelo Pierattini.

Y las canciones siguieron avanzando, despidiéndose una tras otra. Ya en la mitad, llegó el momento de las canciones más emotivas: “El Paño de Luís”, “Dios Es Sólo Para Algunos” y la clásica “Las Cosas Simples”. En un concierto normal, la gente guarda un respetuoso silencio en obras de tal envergadura, pero en este caso el público las coreó de manera desgarradora, como un guerrero que pierde a su padre. “Sigo mirando al cielo, espero ver algo caer”.

Ya para el final, descargaron todo su poder con las últimas canciones en su historia. Sonaron “Suerte”, “Silencio”, “El Rock Del Poncho” o “Tierra Oscura del Sol”. Dejando para el final, como despedida de una noche tremendamente emotiva, el primer “éxito” que tuvieron “Tres Puntas”, aquel decálogo del trío más potente en la historia del rock chileno.

Una de las características principales de las tocatas de Weichafe, es que nunca tuvieron un listado fijo de temas. Siempre tocaron en distinto orden sus canciones. Nunca se dio el hecho de saber perfectamente con qué canciones partirían, finalizarían o cuáles dejarían fuera (como es el caso de Los Tres o Los Jaivas). Otro gran detalle, y que se agradece un montón, es el hecho de que NUNCA los escuché con un sonido deficiente. Al contrario, siempre fueron muy respetuosos y profesionales.

¿Problemas internos?, ¿el término de un ciclo? Sólo unos pocos sabrán por qué la banda tomó la opción de separarse. Se fueron con la frente en alto, con un sonido prolijo y una discografía conceptual de una calidad indiscutida. Adiós Weichafe, te despedimos entre amigos, como siempre fue la tónica de las tocatas. “La historia se escribe en la calle, con gente de verdad”.

PD: Para ver el inicio del show con “Hazme Dormir” haz click aquí.

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