
Los movimientos del ex senador por Illinois, tras su elección presidencial, han pasado por la acuciosa retina de todos, tanto de sus opositores como de sus partidarios. Su discurso de cambio no sólo encantó a un gran porcentaje de estadounidenses, sino que también le cargó una gran expectativa sobre sus hombros, y él lo entiende muy bien.
A dos meses de asumir la jefatura presidencial, Obama ha dado claras señales de continuidad de su discurso, agudizándolo y preparando un escenario óptimo para su puesta en marcha. Sus acciones han estado determinadas por un actuar muy consecuente, que ya lo quisieran muchos políticos latinoamericanos. Barack Obama ha apostado, básicamente, por la unidad.
Es muy extraño pensar en las buenas intenciones en la política, sobre todo por la excesiva recurrencia que tiene su relación con los conceptos de corrupción, demagogia y populismo. Pero Barack Obama ha demostrado, desde antes de asumir y con una inmensa votación en el bolsillo, que su gobierno estará inspirado por la conciliación más que por la beligerancia.
Quizás, muchos pensaron (y esperaron) que su gabinete estaría compuesto por nombres ligados a la izquierda, pero no. La paulatina y elaborada designación que ha tenido de su equipo de trabajo ha dado luces de una fuerte inclinación hacia el centro, buscando el consenso de la gran mayoría al no mirar a los extremos. También ha buscado la unidad al interior de su mismo partido, con la asignación de puestos gubernamentales del sector derrotado de los demócratas, tanto así, que es muy probable que Hillary Clinton se convierta en su mano derecha (o izquierda) tras su posible designación como Secretaria de Estado. Incluso, es probable que incluya en su gabinete a políticos republicanos (si es que se confirma la continuidad de Robert Gates en el puesto de secretario de Defensa).
Con respecto a la crisis, Obama no está para improvisaciones y va por lo seguro. ¿Caras nuevas, líderes recién titulados y con ideas frescas? ¡Al diablo con eso! EXPERIENCIA se llama el juego. Es por esto que el presidente electo ha escogido a quienes han demostrado, por años, ser capaces de lograr cambios positivos. Y ya lo están haciendo. El reciente rescate al Citigroup fue una coordinación conjunta entre el equipo Obama y el actual Gobierno.
Es el “Dream Team” de la política. Más que criticar y dudar de las buenas intenciones del electo mandatario estadounidense, deberíamos analizar sus medidas e intentar tomar lecciones a partir de su discurso y su actuar.
Personalmente, siempre fui reticente al fenómeno Obama. Guardando las proporciones, siempre lo asemejé al fenómeno de novedad que tuvo la presidenta Michelle Bachellet en el tiempo de su campaña electoral y que fue el único detonante para que fuese elegida como nuestra actual mandataria: primera presidenta mujer (primer presidente negro). Si es cosa de recordar hace un par de años cómo la gente (especialmente las mujeres) salía a la calle a proclamar el nombre de la ex Ministra de Salud y Defensa. Y en EEUU pasó lo mismo: hace tiempo que no había una votación tan masiva. Todo por el fenómeno de novedad: “qué curioso, una presidenta mujer”, “qué curioso, un presidente negro”. Pero me equivoqué.
Recién ahora, y a partir de la paulatina designación de su futuro gabinete, me he convencido que el fenómeno Obama resultará y lo hará de manera muy positiva. El “Yes we can” cada vez toma más forma. Me inclino a pensar que será uno de los gobiernos recordados, algo así como el de Alessandri para nosotros.
Lamentablemente por acá estamos alejándonos de una realidad conciliadora. Ejemplos de distanciamiento de la dinámica Obama nos sobran: el eterno payaso del ex PS Alejando Navarro ahora como posible abanderado del pacto Juntos Podemos Más; el distanciamiento (y extremismo) que toma la UDI respecto de Piñera; la renuncia del vicepresidente de Chile Primero, Esteban Valenzuela, debido a que su partido analizaba un posible acuerdo con la Alianza para apoyar a Piñera; entre muchos otros ejemplos.
Ojala Piñera saque lecciones respecto del ex senador para su próximo gobierno. Bien por Obama, bien por EEUU.