Se ha transformado en una costumbre bastante recurrente mi lectura de columnas de opinión y críticas, aparecidas en los diversos medios de comunicación. En Chile, los líderes de esta materia son muy respetados y la mayoría son muy buenos. Pero durante algún tiempo, le he seguido la pista a un columnista que, más que opinar y criticar, ataca gratuitamente, sin más fundamentos que el de su imaginación.

El sacerdote jesuita Felipe Berríos escribe en el semanario ‘El Sábado’ de El Mercurio. Muchas de sus columnas llaman bastante la atención por su pluma punzante, pero una de ellas extralimitó la tolerancia de mucha gente.

El sábado 3 de enero salió publicado “Extranjero en su País”, texto en el que contrastaba una protesta estudiantil de aquellas universidades ubicadas en el centro de Santiago, a fines del año pasado, y la pasividad vivida ese mismo día en las universidades ‘cota mil’ (del Desarrollo, de los Andes y Adolfo Ibáñez). A partir de esa innecesaria y gastada comparación, comezó a elucubrar ideas insanas que buscaban, notoriamente, la odiosidad de aquel sector, poner en duda la calidad docente de esas universidades y profundizar, aun más, la división socio-económica que hay entre los aludidos. Aquí, parte del texto:

“Me pregunté ¿qué visión del país tendrá el profesional que salga de esa universidad?, ¿qué vida universitaria tendrá quien tal vez estudió en un colegio de la zona, donde probablemente quede también su casa y entra a esa universidad?, ¿qué diferencia hay entre una universidad así y un colegio particular?, ¿bastará mirar la ciudad desde lo alto y luego enterarse de lo sucedido en ella por las noticias?, ¿será ese el lugar más adecuado para que se forme un universitario? (…) Si se incluyeran estas preguntas en la PSU tal vez los puntajes nacionales serían distintos”

Sr. Berríos, permítame a mi ahora hacerle unas preguntas: ¿es necesaria la odiosidad con jóvenes que trabajan activa y multitudinariamente en proyectos como “Un Techo Para Chile”, iniciativa que nació de un integrante del plantel de una de estas universidades y que usted forma parte como capellán?, si le molesta tanto que esta gente esté tan aislada geográfica y económicamente, ¿por qué no es más consecuente y se aleja de ellos?, ¿cómo es posible que un sacerdote promueva la desunión, el resentimiento y la hipocresía?, la condición socio-económica ¿basta para determinar la calidad docente y valórica que entrega una universidad?

Creo que su mayor pecado no es el odio, el ataque gratuito, ni el hecho de promover la discordia: es simplemente la ignorancia. En la columna señala que era la primera vez que subía a esa universidad (que no se atrevió a decir su nombre), una sola visita, ¿es eso suficiente para formular esos ponzoñosos comentarios?

Unidad, amor y respeto. Creo que debería seguir más los dogmas de su religión.

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