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Que lleguen los 200 años o los 192 me da exactamente lo mismo. Lo mío es la fiesta, la celebración y, sobre todo, la conmemoración. El 2010 es, sin duda, un año que no pasará desapercibido por las razones que ya todos conocemos. Los dolores y alegrías de este año nos han unido como coterráneos durante estos últimos 9 meses. Todo está a flor de piel: las constantes réplicas geológicas y políticas, el repentino interés por un par de islas de la IV Región, un minero en las profundidades, el pase a la 2da. ronda en el Mundial de Fútbol y la esperanza de obtener, en 2014 y después de más de 50 años, un lugar digno en el sitial de un deporte que nos es esquivo.

Algo innegable de este 2010 es que no ha sido, por lejos, un año decidor. No tenemos algo nuevo que contarles a las nuevas generaciones, excepto las contrariedades accidentales que hemos sufrido. Nuestra pasión, nuestra unidad, nuestra indiferencia, nuestra ignorancia, nuestras lágrimas, nuestros golpeteos en el hombro… nada de eso es nuevo.

Este Bicentenario lo recibimos como una avalancha que nos sorprendió entre homenajes apresurados y discursos que ni siquiera alcanzamos a masticar. Por eso el Bicentenario no es lo mío. Lo mío son las conmemoraciones. Y ¡vaya que tenemos razones!

A este 2010 hemos llegado con un legado cultural digno de orgullo. Una verdadera recopilación creativa que, afortunadamente, tiene descanso en éstos y en los próximos años. Tras la polémica ley del 20% obligatorio de música nacional en las radios, contamos con un primer paso (medio tropezado) que sirve de antecedente para dar un verdadero empuje a la creación y difusión de nuestros y nuevos artistas.

Démosle un poco de crédito a esta iniciativa.

Contribuyendo a este 20%, les quiero dejar este listado de canciones chilenas de los últimos 10 años que, según mi criterio, merecen ser escuchadas. No son las típicas, de hecho, pocas de ellas son populares. Qué importa. Este muestreo musical, una por cada año, tiene como finalidad demostrar que acá en Chile sí se hace música original y que vamos en un bienaventurado desarrollo.

Los invito a conmemorar el enorme y hermoso legado musical que tenemos como país. Disfrutemos de estas fiestas con buena música y demos rienda suelta al chovinismo. Al menos por este mes.

Instrucción:

Para escuchar la canción simplemente haz click en cada título.

Sin título

Amor alternativo – Sinergia (2001): Este disco viene a ser el pálpito del comienzo de siglo y el anuncio que un nuevo sonido estaría, como número fijo, en cuanta cumbre de rock y festival haya: el metal pájaro. Sinergia es el primer álbum de esta banda que revolucionó la parrilla musical chilena hasta 10 años después. Amor alternativo es tan rara que llega a gustar. Un aplauso al visionario que decidió lanzarla como single. La canción es una mofa a aquellos engrupidos que buscan, con un par de datos, simular conocimiento, generar estatus y adoptar discursos ajenos. Ni siquiera ellos se imaginaban que aquellos indeseables se reproducirían exponencialmente al morir la década. Sin lugar a dudas, una canción siempre atingente.

Las cosas simples – Weichafe (2002): Se transformó en todo un himno de aquellos que fuimos y somos legionarios del circuito de las tocatas, casi inmediatamente después de su publicación. Es una balada – sin pretensiones – que rescata ritmos nortinos muy soterradamente. Tras la sugerencia del baterista de los Chancho en Piedra, el tema se tituló “Las cosas simples”, tanto como su construcción. Una invitación a emocionarse.

Mosaicos – Akineton Retard (2003): Porque se atrevieron a experimentar más allá de la simple experimentación. Porque su hito fue ignorado. Porque buscaron, profesionalmente, nuevos sonidos. Akineton Retard se merece un puesto alto en esta lista. “21 Canapés” es el tercer disco de la banda y, claramente, se nota una maduración en el sonido y una identidad que logra armar un álbum compacto y redondo. Los invito a escuchar este interesante disco de 21 canciones en el que sólo 3 exceden los 3 minutos.

Canción de cuna – Banda sonora de Machuca (2004): Sin contar que es una de las mejores películas chilenas que he visto, esta canción aparece mientras los niños recorren la ciudad días previos al golpe. Mientras miran, desde el silencio del interior de una vieja camioneta, la violencia producida por la polarización política de aquella época, se refleja en sus inocentes rostros la incertidumbre y el miedo de vivir algo ajeno a su entendimiento. Una de las escena/música/fotografía más acertadas que he visto/escuchado. La creación le pertenece a José Miguel Miranda y José Miguel Tobar.

Hombre de la tierra – Feliciano (2005): No, no es el portorriqueño, es el que participó en el reality Protagonistas de la Música. Sacó un disco con varias canciones descartables, pero hay una que toma mucha importancia, especialmente en estos días. “Hombre de la tierra” es un homenaje, como su nombre lo dice, al pueblo mapuche.

¿A dónde queda la justicia del hermano que hoy la pide?

No seamos tan tiranos como aquel.

500 años de injusticia es la herencia que hoy dejamos,

no podemos dar la espalda, no a él.

Realmente es una canción que vale la pena escuchar.

Blues al desaparecido – El Cruce (2006): Difícil es hacer una revisión de la década del 2000 sin visitar a esta banda de “blues criollo”, como ellos se autodenominan. A mi país es el tercer disco y el más conocido. Es un disco que no sólo cuenta con diversos tipos de blues, sino que también experimenta con música nacional. Es el caso de Dicen que soy borracho, un cover bien blusero de una cueca de Tito Fernández. Pero el caso de Blues al desaparecido es distinto. Acá nos enfrentamos a una obra que derrocha originalidad y sentimiento. No hay solos, como en un blues normal, sino que una armónica eléctrica va representando el desgarro emocional que le produce al protagonista la pérdida de su padre en tiempos de la dictadura militar. Ya en la mitad, el ritmo cambia completamente y emergen sonidos criollos, dando cuenta la localidad de la banda y la problemática tratada. Una pieza emocionante.

Fumarolas del alma – La Desooorden (2007): Es una de las mejores introducciones a un disco que haya escuchado. La Desooorden es una banda atemporal y lejana de cualquier movimiento posmoderno y engrupido. Son de Valdivia y desde allá publicaron en 2007 un disco conceptual de enorme calidad lírica y musical. Para sentarse a escuchar… y reflexionar. “No le preguntes al agua cuánta sed tiene el hombre”, una de las frases de esta canción introductoria.

Loca – Chico Trujillo (2008): En plena dictadura de Tommy Rey, Sonora Palacios y esas otras bandas que son un híbrido resultante entre las villeras argentinas y las cumbias de plástico de los 90s, aparece a principios del 2000 Chico Trujillo. Provenientes de Villa Alemana, y en éxodo de la banda La Floripondio, forman lo que sería una recreación de las cumbias de antaño. Esas que se bailaban apretadas, en cantinas o en exclusivos salones, las que no escatimaban en quitarle la voz a una canción o en dedicarle mucho tiempo a su composición. Era el sonido de la Huambaly, la Ritmo y Juventud o Los Peniques, aquellos beat combo que animaban las fiestas de los 50s y 60s. Ésta es la reminiscencia de aquel sonido único. Chico Trujillo hace un trabajo realmente digno de destacar y que, en este disco, homenajean esa herencia que Humberto Lozán o Pachuco nos dejaron, hace ya, varios años.

Nunca será lo mismo – Cómo Asesinar a Felipes (2009): Cuando creíamos que lo habíamos escuchado todo aparece este grupo que junta, en una misma banda, dos elementos tan dispares como el jazz y el hip-hop. Es cierto, cuesta mucho digerirlo al principio, por eso es necesario darle tiempo y escucharlo con atención para darse cuenta del diamante en bruto que tenemos en frente. Este disco es, básicamente, una coda de sólo 21 minutos de su primer disco homónimo del año anterior. Ahora bien, ¿por qué nos debe gustar Cómo asesinar a Felipes? No es por su fin ecuménico de juntar a hiphoperos con los niños bonitos de la nueva música, sino que su virtud está en entregar verdaderos descargos impulsivos de música que atentan contra el buen gusto, pero de una forma bastante original. El acompañamiento en este disco es nada menos que la Orquesta Filarmónica Juvenil de Chile, idóneos para captar estas nuevas fusiones. La canción seleccionada es aleatoria porque este disco se escucha completo, como una sola obra. Después de todo dura tan sólo 21 minutos.

Mal día – Pascuala Ilabaca (2010): En estos últimos cinco años ha surgido una serie de nuevas cantantes de raíz y/o inspiración folclórica. Así hemos escuchado a Vasti Michel, Tizana o, incluso, Camila Moreno. Pero Pascuala Ilabaca, afortunadamente, es muy distinta a ellas. En sus canciones se respiran sonidos de distintas partes del mundo, letras caseras, sensualidad y buen gusto. Tiene apenas 25 años y 5 de experiencia, pero la chica promete. Acordeón y otros teclados son sus instrumentos base, además de una voz cadenciosa, armonizan juegos de instrumentos pocos escuchados en Chile. Diablo Rojo, Diablo Verde es su segundo álbum como solista y que publicó hace un par de meses. Absolutamente recomendable si quieres escuchar algo bien hecho y diferente. Además, es de Valpo, ¿qué más se puede pedir?

Bonus track

Las Meninas – Mecánica Popular (1999): El grupo de Manuel García, antes de (y durante) su carrera como solista. Gato, La flor del viejo hotel o Hablar de ti son canciones altamente recomendables. Las Meninas tiene la particularidad de poseer una de las estrofas más hermosas que he escuchado en una canción:

Tú copiabas las Meninas cuando niña

Y Velázquez pecaba de perfecto.

Yo temblaba en la belleza del intento…

todavía tiemblo, todavía tiemblo.

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